COMPARTIENDO MI VIDA.

Si me alcanzara la memoria podría decir que ya lo conocía antes de nacer. Hasta donde recuerdo, siempre juntos. En mis recuerdos de infancia podría casi asegurar que no falta en ninguno.

Hoy en día, en la mayoría de los colegios a los hermanos mellizos o gemelos los separan de clases, dicen que así se desarrollan de manera individual, para que la personalidad más fuerte no pise a la más débil, para que no compartan las mismas actividades y amigos, desarrollen sus propios gustos y aficiones…

Yo no era de esa generación, por eso hasta pasado el instituto viví prácticamente pegada a mi hermano, misma clase, mismo dormitorio, mismas actividades extraescolares, nos hubiese faltado ser dos niñas para compartir también armario…

Pese a lo que muchos profesionales puedan pensar, la mayoría de adultos que hemos vivido una infancia compartida, podemos decir que no nos pesa. Casi nunca éramos tres hermanos, éramos dos, mi hermana mayor y los mellizos, que nos uníamos formando un solo ser.

Aún recuerdo esa extraña sensación si él se ponía malo alguna vez y no podía ir al cole, cuando caminaba sola hacia el colegio y entraba a clase, sin duda mi vida no hubiese sido lo mismo de no haberla compartido.

No te resta, te suma. Personalidades totalmente diferentes, él tímido y comprometido, yo charlatana e impulsiva, esa parte que me faltaba y me faltará, que siempre me sumará él.

Sufres si lo ves sufrir, te duele verlo llorar y te alegras de sus triunfos más que si fueran tuyos, no lo sentía más que con mi hermana, pero si más intenso, como un instinto de protección exagerado, seguramente por la suma de experiencias y horas conjuntas vividas.

Un día el cordón umbilical se rompe. La vida que es muy sabia, te separa de él y a cambio, más que perder un hermano, sientes que ganas otro, ese otro que siempre ha estado ahí, que querías de igual manera pero con el que compartías muchas menos cosas (en este caso mi hermana mayor), con la que igual por diferencia de edad y rutina diaria no atiendes de la misma manera, pese a que ella, generosamente, cuidó de los dos dándonos a cada uno nuestro espacio, de manera individual, aguantando paciente esos tiempos de locura en los que nos multiplicábamos en cada gripe o llanto, acaparando toda la atención de nuestros padres.

Compartir tu vida desde que naces es maravilloso, y si la vives con el amor incondicional de tus hermanos, mucho mejor. Así, que papás y mamás de mellizos y mellizas, gemelos y gemelas, trillizos y trillizas… no tengáis miedo y dejad que vuestros hijos e hijas vivan su vida compartida, si tienen que hacerlo.

Dedicado a mis hermanos, en especial a mi hermana mayor, por su cariño incondicional pese a todo el tiempo que le hemos robado.

María José Muñoz.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies